Fabian Salazar

Como bautizados y como discípulos siempre nos encontramos en la tensión de  “estar en el mundo sin ser del mundo” y que “esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” como lo afirma 2  Pedro 3, 13.

Una revisión de nuestra ruta de camino como iglesia y como personas nos pide en estos momentos hacer una relectura de nuestros lenguajes, categorías mentales y estructuras, ya que puede resultar como lo describe González Carvajal que “las categorías culturales en que se formula el mensaje cristiano no coincidieran con las categorías culturales de los destinatarios. En tal caso los evangelizadores, no serían escuchados; y no por mala voluntad de nadie, sino por la misma razón por la que no puedo escuchar la radio cuando mi receptor no está sintonizado en la misma frecuencia que emplea la emisora”  (1).

Tal vez nuestra frecuencia eclesial siga anclada a muchos aspectos de la modernidad  y  las estructuras locales mientras que una parte importante de la población se encuentra en lo que algunos han dado en llamar post-modernidad y globalización. Hacer un estudio de las características de esta época nos podrían dar pistas para nuestro actuar en el mundo contemporáneo.

Entre ellas se pueden nombrar las siguientes notas  señaladas por Berzoza (2):

–       Parece que no es un fenómeno compacto y se puede hablar de diferentes postmodernidades. La del desencanto, la de la resistencia y la neoconservadora.

–       La postmodernidad del desencanto, en su versión común, es sinónimo de desmitificación de la modernidad, de ruptura abierta con sus mitos. Se acusa a la modernidad de decadencia y origen de todos los males: destrucción ecológica, muerte del sujeto ético, anti humanismo estructural y político y otros males que han producido una grave e irreversible crisis de civilización. En otras palabras, de la modernidad, sólo se ha puesto en práctica la versión de dominio y explotación.

–       Paralelamente a la referida postmodernidad decadente, ha ido surgiendo otro acento postmoderno: la resistencia. Parte de la modernidad, pero denunciando nutriciamente que la modernidad está sin estrenarse. Que la modernidad, junto a la cara de dominio y explotación, ofrecía la de la utopía escondida en las palabras igualdad, fraternidad, libertad, solidaridad y otras similares. Hay que redescubrir esa modernidad olvidada.

–       Finalmente, poco a poco, la postmodernidad, va mostrando otro rostro: el de  la post-modernidad neoconservadora. Quiere recoger la versión de dominio de la modernidad, y sin renunciar a ella, reconvertir la utopía en los moldes del neoliberalismo.

Frente a las dos primeras concepciones de postmodernidad, la iglesia debe establecer unos diálogos para comprender lo valioso de sus intuiciones y logros; en cambio frente a la tercera forma de post- modernidad la iglesia está llamada a asumir una posición profética, que denuncie los grandes males que causa una globalización del poder manipulador de los grandes monopolios, que usan también la tecnología para oprimir a los pequeños. Una evangelización entonces debe ser coherente con sus principios del Evangelio y denunciar aquello que destruya la dignidad humana.

Las dimensiones anteriores parecen estar mezcladas. Como iglesia negarlas o intentar huir a otros moldes anteriores es no cumplir nuestra misión; al contrario debemos enfrentarlas con alegría del Evangelio ya que no podemos vivir como extraños  dentro de la  cultura post- moderna y globalizada. La iglesia no “cumpliría el encargo divino si de entrada rechaza la cultura postmoderna, como  mala o imposible de evangelizar. Todo evangelizador ha de ayudar al hombre, en todo tiempo, a encontrar la verdad revelada y no obstaculizar o dificultarla con prejuicios, teniendo presente que la revelación siempre ha llegado al hombre envuelta en su propia cultura, sea judía, romana, bárbara, indígena, africana etc.” (3)

Con esto no se quiere decir que asumamos una posición acrítica a situaciones como el relativismo moral y la falta de fundamentos sólidos que parecen caracterizar la postmodernidad. Sino por el contrario es  un llamado  a estar atentos a no permanecer desfasados, como nos ha ocurrido en otros momentos de la Historia, con graves consecuencias de abandono de nuestros destinatarios cuando ocurrieron cambios en el contexto universal. Siguiendo un buen consejo,  Correa nos recuerda que  se  “trata de adoptar una actitud comprensiva que asuma lo nuevo de la postmodernidad, como lo ha hecho la Iglesia en otras instancias, aunque desdichadamente, con relación a la modernidad, desde de haberla rechazado y anatematizado, se separó del mundo moderno, y sólo vino a reconocer sus valores en el Vaticano II (GS36), cuando ya había entrado la postmodernidad”  (4)

 

Es una solicitud a no estar desfasados de la historia y más ahora cuando la cultura post-moderna por los nuevos medios tecnológicos de comunicación a sufrido un acelerado proceso de globalización con todos sus rostros de contradicción y ambivalencia (y de manipulación neoconservadora).  Siguiendo a Del Prete, en su caracterización de la globalización se muestran las siguientes descripciones que nos ayudarán a comprender el mundo contemporáneo:

 

 

La globalización…  incentiva la producción, ofreciendo a un mayor número la posibilidad de disfrutar de los bienes de consumo. Pero también es una calamidad para los pueblos emergentes, si el mercado es salvaje, no regulado por las leyes y basado en la ley  exclusiva del beneficio. En este caso puede determinar fácilmente una concentración altísima de capitales en manos de pocas compañías multinacionales, que se convertirían en los factores determinantes de la supervivencia misma de los pueblos o en sus opciones socioeconómicas. La globalización está capacitada para crear pobrezas nuevas y duras, porque millones de personas son “globalizadas” sin sacar ningún beneficio de esta nueva dinámica de mercado. Se corre el riesgo real de que enteras poblaciones resulten privadas incluso de lo poco que tenían de su tiempo, de su hábitat, y de su misma visión de vida, que se contentaban y vivían satisfechas de lo necesario, sin poder tener acceso a aquellos bienes que la nueva economía prometía. (5)

Siguiendo con el mismo autor, esta situación actual de una globalización  postmoderna, neoconservadora, parece beneficiar a algunos pocos, creando nuevas situaciones de discriminación y crucifixión de los pueblos. Como se afirma en su texto,  el problema no es tanto  “el fenómeno en sí mismo, ya irreversible, sino el hecho de que realice casi exclusivamente en favor del beneficio económico. El hombre se convierte así en instrumento de la economía no el fin al que debe orientarse toda la actividad económica” (6).

Frente a esta situación, la iglesia no solo puede, sino que debe pronunciarse desde una defensa de la dignificación humana. Esta globalización manipuladora, deja grandes sinsabores y abre vacíos, ya que, como lo menciona Madrigal,  a pesar del progreso material y “la profunda transformación de las condiciones de vida y los cambios progresivos que afectan globalmente a la humanidad dejan sin solucionar las más hondas inquietudes del ser humano que se pregunta por la evolución actual del mundo” (7)

 

Como iglesia podemos dar esas respuestas pero no debemos quedarnos en la nostalgia de épocas pasadas, el miedo o desconfianza, debemos estar también atentos a los signos que denota esta nueva época, para vivir un sentido solidario que se exprese en “una sintonía responsable y comprometida respecto a la realidad de los demás hermanos, de la sociedad en general y de los otros pueblos”  (8) y se puede comprobar en una actitud evangélicamente  interesada  “acerca de todo lo que pasa en las diversas partes del planeta. Las noticias llegan casi simultáneamente a nivel universal cuando se producen los acontecimientos” (9) y debemos estar ahí para acompañar su interpretación.

Anunciar el Evangelio en un mundo post-moderno, globalizado e interconectado por las nuevas tecnologías, requiere desde el Evangelio ayudar a la humanidad a buscar las causas que den sentido a su existencia. Esto  nos obliga a una “nueva imaginación de la caridad” (NMI 50), en concordancia con  “una sensibilidad global ante la promoción humana, los derechos humanos, y la opción preferencial por los pobres” (10)

 

Es entonces que si se aprovechan para el reino las dinámicas propias de esta nueva época, podemos ayudar en la búsqueda de transcendencia y servicio solidario desde los valores religiosos, ya que en el mundo se constata como bien lo señala Kasper “un renovado interés por la espiritualidad, así como un abrumador altruismo con ocasión de catástrofes naturales; en nuestras parroquias podemos encontrar grandes dosis de buena voluntad, y hay asimismo muchas más personas que podrían calificarse de buscadoras y peregrinas de las que a menudo nos imaginamos” (11).

Esto nos obliga a que a nivel interno también la iglesia se globalice y esto no porque se defina como una multinacional sino porque en la dinámica del cuerpo todas las partes se sientan unidas en Cristo para el servicio de la humanidad; es posible pensar en una globalización de solidaridad desde la base. Como invita el CELAM  a aprovechar las nuevas formas de “colaboración internacional entre personas y comunidades (globalización desde abajo), ya sea como apoyos solidarios en proyectos o como protestas y propuestas coordinadas ante situaciones de injusticia” (12).

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(1) GONZÁLEZ – CARVAJAL, Luis.  Evangelizar en un mundo postcristiano.  Editorial Sal Terrae. 1993. España  (Santander) Pag 145

(2) BERZOZA, Raúl. Evangelizar en una nueva cultura. Respuesta a los retos de hoy. San Pablo.  Madrid- España. 1997 Pag 10

(3) CORREA, Jaime. Evangelizar la Postmodernidad desde América Latina. CELAM. Bogotá – Colombia. 2000. Pag 60

(4) CORREA, Jaime. Evangelizar la Postmodernidad desde América Latina. CELAM. Bogotá – Colombia. 2000. Pag 58

(5) DEL PRETE, Vito.   La buena tierra, reflexiones sobre la evangelización. Secretario Internacional de la Pontificia de la Pontificia Unión Misional. Roma. Marzo 2010 Pag 182

(6) DEL PRETE, Vito.   La buena tierra, reflexiones sobre la evangelización. Secretario Internacional de la Pontificia de la Pontificia Unión Misional. Roma. Marzo 2010 Pag 191

(7)MADRIGAL, Santiago. Las relaciones iglesia – mundo según el Vaticano II. En Teología y Nueva Pag 47

(8) ESQUERDA, Juan. Misionología. Evangelizar en un mundo global. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid- España. 2008 Pag 166

(9) ESQUERDA, Juan. Misionología. Evangelizar en un mundo global. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid- España. 2008 Pag 159

(10) ESQUERDA, Juan. Misionología. Evangelizar en un mundo global. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid- España. 2008 Pag 169

(11) KASPER, Walter. La nueva evangelización: un desafío pastoral, teológico y espiritual. El desafío de la nueva evangelización.  Impulso para la revitalización de la fe. Sal Terrae. Santander – España 2012 Pag 22

(12) CELAM.  Secretaria General. Globalización y Nueva Evangelización en América Latina. Reflexiones del CELAM, 1999 – 2003. Esfera editores. Bogota. 2003. Pag 14

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